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En Honduras: VEN LOS EMPRESARIOS A LA SAR

Los cambios introducidos en el modelo de facturación, son apenas uno de los muchos elementos que grafican el desbalance y desconcierto en todo el sistema tributario del país.

En Honduras hay una enorme distancia entre el esquema de imposiciones fiscales y la justicia tributaria.

Son los mismos segmentos los que pagan impuestos y las autoridades de recaudación han evidenciado una falta de comprensión global del tema.

Imposiciones fiscales y la justicia tributaria.

Los vicios del sistema de tributación siguen radicando en la evasión, el fraude, pero -principalmente- en la inequidad, por cuanto la mayor presión fiscal ejercida en nuestro país impacta en los segmentos mayoritarios.

Ahora mismo, un sector de empresarios han reaccionado molestos y confrontado al Servicio de Administración de Rentas (SAR), por las modificaciones al formato de las facturas que entró en aplicación el viernes recién pasado.

Los señores de la institución que capta los impuestos alegan que el espíritu de las nuevas disposiciones es volver diáfano todo el programa de concesión de descuentos por la adquisición de productos y contratación de servicios.

¿Es un escudo fiscal utilizado para los propósitos evasivos de los empresarios? ¿Es un cambio necesario en el aparato de tributación? Por agregación: ¿Cómo se puede interpretar las posturas disímiles entre los industriales y empresarios en torno a las medidas tributarias que restan competitividad y que dificultan la dinámica económica? Las respuestas a estas interrogantes dependen de varias aristas y tienen muchas derivaciones.

Lo que han dejado traslucir quienes rectoran el cobro de impuestos es que no hay claridad sobre lo que debería ser la política tributaria de Honduras.

¿Debemos interpretar que el Gobierno se ve forzado a ajustar las medidas fiscales para obtener un mejor rendimiento, a costa de “sacar dinero de donde no hay”, a efecto de cubrir las prioridades de gastos e inversiones?.

Tal es lo que se puede deducir de los cambios que habitualmente son aplicados en los esquemas de facturación, de declaración de impuestos y en otros procedimientos que nada más fueron plantados en el aparato fiscal, sin tomar en consideración nuestra realidad.

Es un mandato preservar la salud de las finanzas que incluye la contención del gasto y la utilización racional de nuestros limitados recursos, pero no a cambio de oprimir a la mayoría de la población en quien recaen los efectos de la presión tributaria.

Tristemente, los actores principales no han podido poner las cartas sobre la mesa. Los empresarios parecen mantener una doble postura; unos, en la línea crítica; otros, más afines al oficialismo. Las autoridades tributarias se han apegado a lineamientos indoblegables, semejantes a una persecución fiscal que algunos llegan a catalogar como “extorsión”.

Y en lo que corresponde a los funcionarios de la Administración Central, en varias gestiones, ha sido patente su defensa a ultranza de un modelo alejado de la equidad, más bien sustentado en la presión que -al final- cala en los menos favorecidos a los que son transferidos los costos de los ajustes impositivos.

Lo decisivo para Honduras y su masa de pobres es crear un clima de inversión, con reglas claras de generación de empleo y de buena razón tributaria.

FUENTE  HRN

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