Cuando el doctor Rangan Chatterjee, de Reino Unido, recibió por primera vez a un chico de 16 años que se había autolesionado y había acabado en urgencias, lo primero que pensó fue en darle antidepresivos.

“Pero hablé con él y me pareció que su uso de las redes sociales estaba teniendo un impacto negativo en su salud”. Así que en lugar de medicarlo le propuso una solución simple: debía intentar desengancharse de las redes sociales.

Al principio eliminando su uso una hora antes de acostarse y, con el paso de varias semanas, aumentándolo a dos horas por la mañana y dos horas antes de irse a dormir. “Después de seis meses dijo que se sentía significativamente mejor y recibí una carta de su madre que decía que estaba más contento en el colegio y más integrado en la comunidad”.

Un estudio de 2017 de la Royal Society of Public Health de Reino Unido, con 1.500 jóvenes de 11 a 25 años, concluyó que Snapchat e Instagram eran las redes sociales que con mayor probabilidad inspiraban sentimientos de ansiedad y de ser inadecuado.

Siete de cada diez dijeron que Instagram les hacía sentirse peor sobre su imagen corporal, la mitad dijo que Instagram y Facebook exacerbaban su ansiedad y dos tercios que Facebook empeoraba el ciberacoso. Shirley Cramer, que lideró el estudio, concluyó que las redes sociales ahora están “intrínsecamente vinculadas a la salud mental“.

“Se han convertido en el espacio en el que formamos y construimos relaciones, nos expresamos y aprendemos del mundo que nos rodea”. Aunque Facebook, Twitter e Instagram oficialmente prohíben cuentas de menores de 13 años, en la práctica no pueden verificar la edad de sus usuarios, y ese es uno de los problemas que las autoridades británicas de la salud le han planteado a las redes sociales.

¿Qué pueden hacer los padres?

La psiquiatra ha visto también lo difícil que esta experiencia puede ser para los padres. Ha oído el caso de algunos que duermen con el router para asegurarse de que sus niños no se conecten a la red inalámbrica en medio de la noche.

Estas son algunas recomendaciones que expertos y padres han compartido:

  • Supervisa cuánto tiempo se pasan los niños en internet y asegúrate de que no interfiere con actividades como socializar, comer, dormir o hacer ejercicio.
  • Considera prohibir los aparatos electrónicos durante las comidas y una hora antes de dormir.
  • Habla regularmente con los niños sobre lo que hacen en internet, qué compartieron hoy, de quién se hicieron amigos y cómo les afecta a su estado de ánimo.

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